Desde hace unos meses, Ginori 1735 y el Hotel de la Ville, unieron fuerzas para dar vida al primer Café Ginori en Roma.
Ubicado en el corazón de la “Ciudad Eterna”, este espacio celebra el legado de la porcelana italiana con una propuesta que fusiona arte, hospitalidad y alta gastronomía.

Cada experiencia en Café Ginori se vive como la entrada a una historia narrada en voz baja, donde cada detalle parecía responder a una lógica precisa.
Ubicado en lo alto de la escalinata de la Piazza di Spagna, en Roma, este nuevo espacio es mucho más que un café, es un homenaje a la tradición de la porcelana italiana y a su cocina.
Una delicadeza servida en la mesa

El Café Ginori se integra con fluidez al universo del Hotel de la Ville de Rocco Forte, referencia indiscutida de la hospitalidad romana y escenario donde la elegancia se ha convertido en un lenguaje cotidiano.
La experiencia adquiere entonces una dimensión más amplia, la sensación de formar parte de un relato mayor, donde cada rincón del hotel parece susurrar historias de buen gusto y atención al detalle.
Luz tenue y envolvente sobre las mesas, con una delicadeza casi escénica. Un murmullo sereno en la sala marca el ritmo pausado, distante de cualquier urgencia exterior.
Ginori 1735 –del grupo Kering– es una de las marcas más prestigiosas del mundo en el universo del lujo y el estilo de vida, reconocida por su excelencia en porcelana pura y diseño italiano
En ese clima, los movimientos del servicio, discretos y medidos, trazan una coreografía silenciosa que rende tributo a la hospitalidad entendida como forma de arte.
Desde los primeros instantes, el espacio revela una identidad que resalta la armonía por sobre la ostentación. Tonalidades cálidas, materiales nobles, superficies que dialogan con la tradición italiana sin renunciar a una sensibilidad actual. Todo se une en una atmósfera donde el diseño no busca imponerse, sino que acompaña.
Esa misma filosofía encuentra reflejo en la vajilla, auténtica protagonista visual de cada instante. Allí la firma Ginori se manifiesta en cada trazo: desde los esmaltes sutiles hasta las formas pensadas para capturar la luz y devolverla en destellos suaves.
Es entonces cuando la mesa adquiere una dimensión escénica, un espacio donde la estética se integracon naturalidad a la propuesta culinaria.
El servicio acompaña con una cortesía precisa, lejos de cualquier rigidez ceremonial y cercana a una calidez sofisticada que invita a sentirse parte del lugar.
Las recomendaciones llegan con conocimiento y entusiasmo genuino, y cada plato se presenta como una invitación a reencontrarse con sabores conocidos desde una mirada renovada.
La carta, inspirada en la cocina italiana más auténtica, despliega una selección que dialoga con la tradición sin caer en la nostalgia, apostando por la frescura y la exactitud.
Esa comunión entre gastronomía y objeto refuerza la idea de que en Café Ginori todo responde a una lógica precisa, nada queda librado al azar. Comer se transforma entonces en una experiencia multisensorial, donde vista, tacto y gusto participan por igual de un mismo ritual.
Un diálogo entre arte y sabor
La propuesta se amplía con la presencia de una boutique integrada al espacio, una prolongación natural de la mesa hacia el universo del diseño.

Allí, las piezas de porcelana se presentan como objetos de deseo, recuerdos tangibles de un momento destinado a perdurar. Esa continuidad entre experiencia y memoria material refuerza la singularidad del concepto, la posibilidad de llevarse a casa un fragmento de esa elegancia vivida.
La visión que sostiene al Café Ginori logra un equilibrio notable entre la herencia de una marca histórica y la sensibilidad contemporánea de la hotelería de lujo.
El diálogo entre ambos mundos se traduce en una propuesta coherente, donde la sofisticación nunca resulta distante y la exclusividad se expresa a través de la calidad más que del artificio.
Cada elemento, desde la disposición de las mesas hasta la selección musical, contribuye a crear un clima de serenidad que invita a prolongar la velada sin mirar el reloj.
La relación con el Hotel de la Ville refuerza esa sensación de pertenecer a un universo cuidado hasta en sus gestos más mínimos.
La arquitectura del edificio, su ubicación privilegiada en el corazón de Roma, la tradición de hospitalidad que lo distingue, todo se refleja en el espíritu del café.
Cada plato servido, cada copa alzada, cada conversación en voz baja bajo la luz tenue, compone una escena que permanece en la memoria mucho después de abandonar la mesa.
Roma, eterna y siempre renovada, encuentra en este espacio una nueva manera de expresar su espíritu a través de la unión entre arte, diseño y cocina.
Texto Flavia Tomaello





