Comer y Beber

María Mezcal, tradición y sabores que se comparten

María Mezcal, una propuesta mexicana que revolucionó la escena de bares en Lima, donde la nostalgia y las penas se curan con tragos

En el barrio de Miraflores, en Lima, existe un bar donde la música, el mezcal y la cultura mexicana funcionan como un lenguaje común que activa la memoria afectiva latinoamericana: María Mezcal

Esta mezcalería y cantina contemporánea surgió como espacio de encuentro, catarsis y celebración, donde la nostalgia, el ritual y el disfrute compartido son los protagonistas. Este verano 2026 suma, por primera vez, un pop-up en una playa al sur de Lima.

Si bien Buenos Aires es una gran capital de sabores, a Lima se la descubre con una gira de paladar. Una de las principales capitales gastronómicas de Sudamérica, reconocida por la riqueza de sus ingredientes, por su diversidad culinaria, y por la influencia de múltiples culturas

 

 

 

Desde su apertura en el 2021, se ha convertido en un lugar que convoca cada noche a distintos grupos de amigas atraídas por una experiencia que ya se ha vuelto referencia en la ciudad.

En diciembre el bar lanzó su nueva carta, titulada “Me nace del corazón”, un evidente tributo a uno de los temas más emblemáticos del gran cantautor mexicano Juan Gabriel. Como en el menú, la música atraviesa toda la experiencia y se convierte en hilo conductor del relato.

 

Desde enero y hasta el 3 de abril, Maria Mezcal traslada su festivo concepto a uno de los destinos de veraneo más concurridos de la sociedad limeña: El Boulevard de Asia. Ubicado a 97.5 km al sur de Lima, el pop-up La casita de la Doña en Asiapulco invita a su comunidad a reencontrarse con el ritual del beber, cantar y compartir, con el verano y el mar.

El mezcal, el origen de todo

El mezcal es un destilado ancestral del agave, profundamente ligado a la cultura mexicana. Su elaboración conserva prácticas tradicionales que definen su identidad: las piñas de agave se cuecen lentamente en hornos cónicos cavados en la tierra, cubiertos con hojas y tierra, proceso que les otorga su característico perfil ahumado.

Luego, el agave cocido se muele y fermenta de manera natural en tinas de madera, piedra o barro, antes de ser destilado.

Este ritual productivo está históricamente resguardado por las maestras mezcaleras de Oaxaca, cuna de esta bebida.

Conocidas como las guardianas de las tradiciones, las mujeres no sólo participan activamente en la producción y comercialización del mezcal, sino que también sostienen el vínculo natural entre el destilado, la gastronomía y la comunidad.

En ese espíritu, Nuestra Doña, figura simbólica de Maria Mezcal, representa el rol de la mujer como cuidadora, transmisora y celebrante de la tradición.

Para todo, mezcal

No hay mal que dure cien años si se tiene un mezcal a mano. Desde las bebidas hasta la gastronomía, la carta de Maria Mezcal está pensada como un recorrido emocional.

Organizada en rituales, celebra el inicio, el compartir y el antojo, con una propuesta de coctelería centrada en el mezcal y en una cocina mexicana auténtica, cuidada y sabrosa, diseñada para compartir entre amigas.

Los tragos se presentan como personajes y relatos. Muchas de las figuras que habitan el menú nacen del universo de las telenovelas latinoamericanas, reforzando el cruce entre cultura popular, humor y memoria afectiva.

La carta de tragos está inspirada en personajes y relatos, muchas veces surgidos de la grandes telenovelas mexicanas. Entre ellos, «El Club de las Villanas», con creaciones como el Soraya Montenegro (la mala de María, la del barrio) elaborado con tequila reposado, licor de cassis, limón criollo y ginger beer.

La carta incluye cócteles clásicos, Rituales de Celebración como Mi Primera Vez, un rito de iniciación al mezcal, o Trajinera de Xochimilco, un servicio de tequila blanco para compartir, acompañado de sales especiales y cítricos, presentado en una barcaza inspirada en las coloridas trajineras mexicanas.

Para los más conocedores, la propuesta se completa con La Pizarríta, una cuidada selección de mezcales traídos especialmente para el bar desde rincones menos conocidos de México.

La propuesta gastronómica acompaña este espíritu festivo y colectivo. Cocina mexicana con técnica, chile y amor, pensada para compartir.

Ofrece una variedad de tacos y platos tradicionales, con destacados como las carnitas —panceta de cerdo mechada con pico de gallo en tortilla de maíz — quesadillas y elotes asados con queso rallado y salsa de cilantro. Una cocina directa, sabrosa y sin artificios, que invita al antojo y al encuentro.

La música, el alma de la experiencia

Se trata de un pilar fundamental para dar más identidad a toda la propuesta. Las canciones que suenan en el bar forman parte del imaginario colectivo latinoamericano: rancheras, baladas, boleros; temas que atraviesan generaciones.

Este repertorio, cuidadosamente curado, genera un fenómeno poco habitual en los bares: el canto compartido.

La música actúa como un lenguaje común y convierte el espacio en una verdadera catarsis colectiva. Mujeres que no se conocen cantan juntas, activando una memoria emotivo-corporal profundamente arraigada en la cultura latinoamericana.

En las culturas prehispánicas, los cantos femeninos no eran mero entretenimiento, sino rituales esenciales ligados a la transmisión de saberes ancestrales, a la celebración de la vida y a la reafirmación de la existencia.

De manera casi intuitiva, Maria Mezcal lo trae al presente en forma de canto compartido, emoción y pertenencia.

Sin proponérselo explícitamente, Maria Mezcal reactiva una función social ancestral: crear un espacio seguro donde la emoción compartida —el despecho, la nostalgia, la euforia— permite reconocerse y pertenecer.