Europa

La intimidad de la creación

Lecce respira una belleza que no se anuncia, se insinúa. La piedra clara del Salento guarda la luz como un recuerdo y la libera con suavidad sobre muros, patios y silencios. En ese paisaje donde el barroco convive con la quietud, el Museo Fiermonte se afirma como un espacio singular, una casa donde el arte se convierte en experiencia vital. Aquí, la hospitalidad adopta la forma de un gesto cultural profundo y la memoria se vuelve un territorio habitable.
El Museo Fiermonte surge de una historia marcada por la intensidad del amor, la fuerza de la amistad y la fragilidad de la vida. En el centro de este relato se encuentra Antonia Fiermonte, pintora y violinista nacida en Puglia, mujer de sensibilidad refinada y espíritu libre. Su trayectoria personal y artística se desplegó entre Italia y Francia, entre la música, la pintura y los círculos intelectuales de su tiempo. Antonia encarnó una forma de vivir el arte como extensión natural de la existencia, con una libertad poco común para su época.
Su figura une las vidas y las obras de dos escultores fundamentales de la escultura francesa del siglo XX, René Letourneur y Jacques Zwoboda. Ambos compartieron una amistad profunda, una formación rigurosa y una búsqueda artística constante. Ambos se sintieron atraídos por Antonia, cada uno desde una dimensión distinta, y esa relación compleja, apasionada y dolorosa se convirtió en un motor creativo decisivo. Décadas más tarde, Fouad Giacomo y Antonia Yasmina Filali, nietos de Antonia, decidieron recuperar este legado y devolverlo a su lugar de origen, transformándolo en un proyecto cultural vivo, abierto y profundamente humano.
El museo propone un recorrido inmersivo a través del arte de las primeras décadas del siglo XX, construido a partir de la colección privada de la familia Fiermonte Filali. Esculturas de mármol y bronce, dibujos, pinturas, fotografías, cuadernos, libros y correspondencia personal se articulan en una narrativa que privilegia los vínculos humanos detrás de las obras. Cada pieza dialoga con una biografía, con una emoción, con un momento de vida. El visitante se introduce en una historia donde el arte aparece como consecuencia natural de la experiencia vivida.
La experiencia expositiva se ve enriquecida por el uso de tecnologías contemporáneas que amplifican la percepción. Holografía, realidad virtual inmersiva, panoramas estereoscópicos y documentales en tres dimensiones acompañan el recorrido, ofreciendo una lectura sensorial que acerca al público al universo emocional de los artistas. La tecnología actúa como un puente, favoreciendo una relación empática y directa con las obras y sus contextos.
Jacques Zwoboda y René Letourneur representan dos recorridos complementarios dentro de la escultura moderna. Zwoboda transitó una evolución que lo llevó desde la figuración histórica hacia una abstracción cada vez más esencial, explorando el movimiento y la síntesis formal. Letourneur, en cambio, se consolidó a través de importantes encargos públicos durante los años de reconstrucción posteriores a la guerra, desarrollando una obra caracterizada por figuras monumentales, curvilíneas y de fuerte presencia corporal. Ambos se conocieron en la École des Beaux Arts de París, donde se forjó una amistad que perduró en el tiempo y se fortaleció a través de proyectos compartidos.
Un episodio decisivo en sus trayectorias fue el concurso internacional convocado en 1929 por el gobierno ecuatoriano para la realización de un monumento a Simón Bolívar en Quito. El proyecto, respaldado por Aristide Maillol en su rol de presidente del jurado, marcó un punto de inflexión. Tras obtener el primer premio, los escultores establecieron sus talleres en Fontenay aux Roses, donde también se instalaron junto a sus familias. Para entonces, ambos habían recibido reconocimientos significativos, Letourneur con una medalla en el Salon des Artistes Français y Zwoboda con la medalla de oro en la Exposición Internacional de Artes Industriales y Decorativas Modernas. La obra dedicada a Bolívar consolidó definitivamente su proyección internacional.
Habitar la emoción
En el centro emocional de este universo se encuentra Antonia Fiermonte. Pintora de mirada sensible y violinista apasionada, fue musa, compañera y detonante creativo. Tras mudarse a Roma con su familia, conoció a René Letourneur mientras trabajaba como modelo en Villa Medici. El vínculo fue inmediato y profundo, y la condujo a París, donde se casaron y nació su hija Anne. La convivencia con Jacques Zwoboda, amigo cercano y colaborador artístico de Letourneur, dio origen a una relación afectiva intensa y compleja. Zwoboda se enamoró profundamente de Antonia y expresó ese amor a través de innumerables cartas, dibujos y esculturas que hoy constituyen un núcleo esencial del museo.
Después de años de vida compartida marcados por la tensión emocional y la creación artística, Antonia decidió seguir su vínculo con Jacques, quien había reavivado su impulso creativo. Ese nuevo comienzo se vio abruptamente interrumpido por su muerte prematura a los cuarenta y dos años, durante una estancia en Roma. La pérdida dejó una huella definitiva en Zwoboda, quien consagró el resto de su vida y de su obra a mantener viva la memoria de Antonia. La retrató incansablemente en dibujos a lápiz y carboncillo, modeló su busto en múltiples ocasiones y construyó para ella un mausoleo en el cementerio de Mentana, cumpliendo su deseo de reposar lejos de la ciudad, rodeada de luz y silencio. Letourneur, formado clásicamente en la Academia Francesa de Roma, continuó desarrollando una obra poderosa, con figuras imponentes y desnudos donde la presencia de Antonia permanece latente.
El Museo Fiermonte traduce esta historia en una experiencia inmersiva que invita a comprender la complejidad de los vínculos humanos y la profundidad emocional del proceso creativo. El recorrido se convierte en un viaje sensible que propone una lectura empática del arte, entendiendo la obra como resultado de una vida intensamente vivida.
Esta vocación se extiende hacia una propuesta singular de hotel museo. Cuatro suites temáticas permiten habitar el arte de manera íntima, incluso fuera del horario habitual de visita. Cada suite está dedicada a una disciplina creativa y propone una experiencia sensorial específica. La Suite Nocturno celebra la música, evocando la figura de Antonia como violinista y la de Zwoboda como violonchelista. La Suite Peplum se vincula con el cine y con la figura de Enzo Fiermonte, hermano de Antonia, boxeador y actor cuya vida tuvo un pulso cinematográfico. La Suite Avant Garde rinde homenaje a la pintura y al gesto creativo de Antonia Fiermonte. La Suite Mármol está dedicada a la escultura, al contacto directo con la materia, al trabajo paciente del mármol y el bronce.
Cada suite se define también por una identidad cromática precisa. El azul lapislázuli envuelve la Suite Nocturno, el rojo pompeyano caracteriza la Peplum, el verde esmeralda distingue la Avant Garde y el verde polvo define la Suite Mármol. Alojarse en ellas implica recorrer el museo en silencio, experimentar las obras a puertas cerradas, sumergirse en un entorno que invita a la creación personal. Pintar, modelar arcilla, generar sonidos o imágenes se convierte en parte del habitar cotidiano.
El Museo Fiermonte se afirma como un espacio donde el arte se vive, se comparte y se transforma. Talleres, residencias artísticas, exposiciones y eventos privados conviven con la colección permanente, manteniendo vivo un espíritu de intercambio y experimentación. En la Lecce barroca, este lugar ofrece una experiencia profunda para viajeros sensibles, amantes de la belleza y espíritus creativos que buscan una relación auténtica con el arte y con las historias humanas que le dan sentido. Aquí, la emoción encuentra forma y la memoria se convierte en hospitalidad.Texto: Flavia Tomaello