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Regina Bistró: el nuevo romance de La Recova con la cocina clásica

Regina Bistró revive la mística de La Recova con una propuesta que rinde homenaje a las raíces europeas y abraza al paladar argentino

Hay lugares de Buenos Aires que parecen haber sido construidos para que la gastronomía suceda. La Recova de Posadas es uno de ellos. En Posadas 1053 abrió Regina Bistró, un restaurante que eligió no competir con el paisaje sino dialogar con él.

La propuesta tiene algo deliberadamente clásico: una cocina europea reconocible, buenos productos y técnicas que no necesitan demasiadas explicaciones. Pero hay también una mirada contemporánea que evita convertir la tradición en una pieza de museo.

El restaurante ocupa el histórico local donde funcionaron los míticos Sorrento y Fechoría. Su cocina fusiona la tradición europea con materias primas de excelente calidad y un servicio clásico de oficio

 

 

Detrás del proyecto está Leonardo La Regina, acompañado en la cocina por el chef creativo Emi Berardinelli y el chef ejecutivo Gastón González. Juntos construyen una carta que parte de tres grandes tradiciones —Francia, Italia y España— para llevarlas a un terreno mucho más cercano: el de la mesa porteña.

Y en esa búsqueda aparece el verdadero lujo, pues no intenta hacer una cocina europea de postal instagrameable. Busca, más bien, recuperar sabores guardados en nuestra memoria gastronómica y darles una nueva lectura.

 

Una carta que empieza por el producto

En Regina hay una premisa que atraviesa la carta: menos artificio y más producto. El vínculo con productores y el respeto por el origen aparecen detrás de ingredientes como los quesos de Mozzarí, los pescados y mariscos de Muge o las trufas.

La idea se traduce en platos de pocos elementos, cocciones precisas y salsas que funcionan como una suerte de hilo conductor. La experiencia puede empezar incluso antes de sentarse a comer. La barra de snacks funciona como una pequeña puerta de entrada al universo del restaurante: anchoas con tomate, anchoas y boquerones, jamón San Daniele con gnocco fritto, aceitunas negras marinadas y ostras por unidad.

Regina parece haberse pensado para que una comida no necesariamente tenga que ser una ceremonia de varias horas ni una salida rápida. Puede ser un almuerzo, una cena, una escala en la barra o simplemente ese lugar al que uno entra porque estaba caminando por Recoleta y termina quedándose más de lo previsto.

Los clásicos porteños también tienen lugar

Una de las cosas más interesantes de la carta es cómo conviven referencias europeas con platos profundamente instalados en el imaginario argentino, como por ejemplo el vitel toné o la copa cocktail de langostinos. Pero aparecen también chipirones a la plancha sobre cremoso de cebolla y una caponata con stracciatella.

No hay necesidad de elegir entre tradición y actualidad. Regina propone que ambas puedan sentarse a la misma mesa.
Ese juego se vuelve todavía más evidente cuando llegan las pastas. Porque si hay un capítulo que concentra buena parte del espíritu del restaurante es el “fatto in casa”.

En una ciudad donde la carne ocupa un lugar casi identitario, Regina tampoco esquiva el clásico. El ojo de bife Café de París de 300 gramos, con manteca de hierbas y curry, es uno de los platos contundentes de la carta. Tampoco falta el lomo a la pimienta.

Pero quizás el espíritu porteño aparezca con más claridad en algo mucho más sencillo: las papas fritas de la casa, disponibles también con trufa negra. Hay platos que necesitan explicación y otros que simplemente piden una buena mesa. Las papas fritas pertenecen, definitivamente, al segundo grupo.

Del mar a la mesa

La cocina de Regina también se mueve con comodidad hacia el Mediterráneo. La paella argentina de mariscos y el arroz meloso de langostinos son platos pensados para compartir y comer lentamente.

En la sección de pescados, la lógica es la de los antiguos bistrós de puerto: primero se elige la pesca disponible y después llega la salsa. Chernia, salmón, abadejo, lenguado, corvina, mero o merluza hubbsi pueden pasar por la cocina, además de trucha y pacú.

La elección puede terminar acompañada por manteca de limón y alcaparras, salsa vizcaína, salsa verde o una emulsión de
langostinos. Es una manera simple de devolverle protagonismo al pescado: producto, cocción y una salsa que acompañe sin tapar.

Especialidades de la carta: Se destacan sus pescados frescos del día (como chernia, mero o lenguado) que se pueden pedir salseados a gusto, sus pastas caseras (como los agnolotti del plin con demi-glace y espuma de parmesano) y el aclamado arroz meloso de langostinos.

Postres europeos, con acento argentino

El recorrido termina con cinco postres que siguen la misma filosofía de la carta: reconocibles, europeos y sin demasiadas vueltas. Profiterol con helado de pistacho y chocolate, mousse de chocolate con crème fraîche y nibs de cacao garrapiñados, crème brûlée y tiramisú.

Y hay una licencia local: la tarta vasca de dulce de leche, una combinación que toma uno de los postres más celebrados de los últimos años y lo lleva hacia un territorio inevitablemente argentino. Porque, después de todo, esa parece ser la búsqueda de Regina: tomar referencias conocidas, respetarlas y permitirles hablar con un acento propio.

Regina no parece querer convertirse en un restaurante para una única ocasión. Más bien propone algo bastante más difícil: ser ese lugar de Recoleta al que uno vuelve porque la primera vez encontró un plato que quiere volver a probar o simplemente porque el barrio, los arcos de la Recova y una buena comida, hacen que quedarse un rato más siempre sea una buena idea.


Posadas 1053, La Recova, Recoleta, Buenos Aires. Abierto todos los días de 12 a 1. Instagram: @reginabistro.ba