En Lisboa, el Black Moon se ha convertido en el escenario donde el chef mexicano Luis Ortiz despliega su visión más personal. Tras una década de experiencia en cocinas de referencia internacional, Ortiz firma un proyecto propio dentro del Mythic Sana Downtown Suites, un espacio reducido y elegante que busca ofrecer una experiencia gastronómica marcada por la memoria, la técnica y la creatividad.
El chef, nacido en Guadalajara, reconoce que su recorrido fue exigente y formativo. Pasó por el Alinea en Chicago, uno de los restaurantes más prestigiosos del mundo, y por casas portuguesas como el Fortaleza do Guincho, el Verride, el Sheraton de Cascais y el grupo 100 Maneiras, donde llegó a ser director culinario. “Fui parte del equipo que ganó la estrella, pero también del que la perdió. Es una situación complicada, pero así es la vida.”
Hoy, en Black Moon, Ortiz se libera de la sombra de otros grandes nombres y asume el protagonismo. “Siempre estuve buscando, desde que llegué a Portugal, tener un restaurante con comida de mi autoría. Lo que hacía en 100 Maneiras es lo que hago aquí. Pero ahora el nombre es mío.” Su ambición es clara: “Quien diga que no quiere una estrella miente. El trabajo que hacemos es para sentir orgullo. Si llega algún premio o estrella, será consecuencia del trabajo.”
La propuesta se articula en menús de tres, cinco y siete tiempos, con platos que revelan su dominio técnico y su identidad personal. El lirio preservado en ceniza de cebolla, acompañado de pepino, aguacate y tostada mexicana, es uno de los ejemplos más claros de su filosofía: preservar la esencia del producto sin alterar su sabor ni textura. El salmonete madurado varios días y servido con Nduja italiana y puré de cebolla quemada muestra la fusión entre raíces mexicanas y técnicas europeas.
La carta cambia con las estaciones y con las fases de la luna, siguiendo un concepto que Ortiz define como natural y cíclico. “La próxima carta está 100% enfocada en el fine dining y en la parte creativa. Es una de las cosas que tenemos como concepto: que todo siga el ritmo de la naturaleza.”
El restaurante ofrece un ambiente que se transforma a lo largo del día, con un Champagne Bar que reúne 18 marcas por botella y ocho por copa. La experiencia se completa con los cócteles diseñados por Hugo Carvalho y la selección de vinos de Pedro Caldas, colaborador de confianza del chef. “Cuando me eligieron para este proyecto, fue la primera persona a la que llamé.”
En Black Moon, cada detalle está pensado para transmitir una idea de perfección aprendida en cocinas de rigor extremo. Ortiz lo resume con sencillez: “Quiero hacer las cosas que me gusta hacer.” Y en esa búsqueda, la memoria de la abuela, el aprendizaje en restaurantes de prestigio y la ambición de conquistar una estrella Michelin se convierten en los pilares de su propuesta.
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Texto: Flavia Tomaello







